jueves, 26 de octubre de 2017

Interesante artículo tomado de la revista SISINONO de mayo 2009, donde se demuestra que la religión predominante en EEUU, el puritanismo-“americanista”, es ni más ni menos  “una especie de judaísmo talmúdico para los gentiles”, que se difunde por todo el mundo y llegó a nuestro país, transformando la religión, la política, la moral, todo lo que nos define como nación soberana, ante la mirada boquiabierta de los cipayos encandilados: políticos, periodistas, Obispos, que ya tratan de acomodarse  para sobrevivir al mesianismo talmúdico globalizador, salvador del mundo.   
Pero protesto, antes de comenzar su transcripción, anotando esta salvedad: erróneamente, como ocurre generalmente en casi todas las publicaciones europeas referidas a nuestro Continente, el autor designa a los EEUU con el nombre genérico de América, como si ningún otro país existiese en el Continente. desconociendo las diferencias excluyentes históricas, religiosas, políticas, geográficas, entre América protestante y América católica. ¡Nos relegan al olvido! ¡Desestiman las glorias de la España conquistadora y evangelizadora!
¡Los europeos, psicológicamente apabullados, no logran evadir la influencia obsesionante de la ilusión calvinista de Eldorado del dólar, quizá ofuscados por las maravillas de Hollywood; que pesa aún sobre ciertos católicos,  impidiéndoles distinguir y respetar las diferencias entre los dos mundos! ¡Inclusive afirmando, sin más, que la religión predominante en el Nuevo Mundo es el puritanismo! Es una actitud europea enferma grave y ofensiva.

LOS “PASTELEROS” NEOCOM.
LAS RAÍCES PURITANAS DEL
ESPÍRITU AMERICANISTA.
PROTESTANTISMO MODERADO Y PROTESTANTISMO RADICAL.

Dijimos otrora (SISINONO enero 2009) que animados con el propósito de presentar como un unicum la civilización americana y la civilización europea, los “neo-conservadores” no dicen ni una palabra respecto de la profunda fractura que el protestantismo provocó en la historia de Europa, como que el espíritu americanista hunde sus “raíces” en él.
La cristiandad vivió una gran crisis en el siglo XVI con el protestantismo, que despedazó la unidad político-religiosa que existía merced al Papado romano y al Sacro Imperio. La Iglesia romana había conocido herejías desde su nacimiento, más había triunfado sobre ellas. La rebelión herética de Martín Lutero (+1546), en cambio no pudo ser contenida y arraigó en Europa del norte (especialmente en Alemania), donde los herejes se volvieron mayoritarios y se organizaron en iglesias autónomas sostenidas oficialmente por los príncipes alemanes. El protestantismo, en efecto, rechaza la Iglesia de Roma (su credo, sus sacramentos y su ley) y el papado, y niégalos orígenes apostólicos y petrinos de la esposa de Cristo.
Los Países Bajos (1) y las naciones escandinavas (Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia) siguieron a Alemania, la sobrepasaron acusando a Lutero de moderación excesiva. No obstante, ya en Alemania se habían dado manifestaciones extremistas con el movimiento de los campesinos (el anabaptismo, que considera válido sólo el bautismo de los adultos). Parece4 ser que estas corrientes llevaron al luteranismo a sus últimas consecuencias, inclusive la negación de la Santísima Trinidad y de la divinidad de Jesucristo.  En Suiza, Juan Calvino (+1564) exasperó la doctrina predestinacionista luterana y presentó el éxito terrenal y mundano por signo de beneplácito divino. El calvinismo se denominó “puritanismo” porque quería purificar la iglesia nacional anglicana de cualquier residuo de papismo; desempeñó un papel de primera magnitud en el nacimiento de América y del espíritu americanista, sobre todo por conducto de sus pilares principales: el éxito mundano-económico y el antitrinitarismo.

EL PARAÍSO EN LA TIERRA.

EEUU  “ha buscado siempre las raíces más profundas de su identidad” en la fe de los puritanos radicales o “regenerados”. El concepto puritano de vocación, “según el cual el cristiano se manifiesta como instrumento de Dios no en los heroísmos de la vida monástica, sino aceptando la propia posición en el mundo…, obrando con éxito en el reino del demonio” (T. Bonazzi, Dizionario di política), entró en la sangre de los EEUU. La “vocación” o ascesis terrenal y “mundana” de que habla el profesor Tiziano Bonazzi es típica del calvinismo puritano, del americanismo, y hoy, del neoconservadurismo cristianista.


El puritanismo se caracteriza, escribe Monseñor Leone Cristiani, por ser “un partido y una actitud psicológica en el seno de las diferentes confesiones [protestantes]… cuyo propósito estriba en purificar la Iglesia de toda mancha papista […]; el puritanismo es el hombre de la sola Biblia [sobre todo del Antiguo Testamento]… las imágenes grandiosas de la literatura hebrea le confirieron un extraño acento al sobrio entusiasmo del puritano, que se volvió sentencioso, dogmático, apocalíptico […]. Entre las consecuencias importantes del puritanismo figura el origen de las colonias americanas. Los famosos Padres Peregrinos, que emigraron a América en el 1620 a bordo del Mayflower, eran puritanos. […] fue responsabilidad del puritanismo, asimismo, la creación de aquella gentry (gente bien) y aquella burguesía de comerciantes ingleses, severos, ávidos de ganancia, que consideraban la riqueza como una bendición del cielo y la pobreza como efecto del vicio” (10). El mismo Monseñor Leone Cristiani escribe en el Dictionnaire deThéologie Catholique, voz Puritanismo): “El puritano tiene un espíritu de dureza y ostentación que huele a fariseísmo: a) el culto de sola la Escritura [el espíritu subjetivista revolucionario y milenarista: nota del autor];b) el dogma calvinista del predestinacionismo; el puritano es el hombre que se siente predestinado para dominar el mundo […]. El puritano creó en el campo moral el gusto por la “honorabilidad” impecable, que no está exenta del peligro del fariseísmo… el cual se expresa en la observancia exterior y escrupulosa dela ley, terminando así por favorecer la hipocresía, que cubre de bellas apariencias los vicios escondidos e identifica falsamente la honorabilidad con la santidad”.
Uno de los mayores escritores americanos, Charles Austin Beard (1874-1948), explica en su monumental obra Nacimiento de la civilización americana (1927) que los puritanos que se trasladaron a América estaban convencidos de ser el pueblo elegido al cual le había sido destinada aquella tierra rica y poderosa, una especie de paraíso en la tierra o tierra prometida. Georges Batault, por su parte, muestra muy bien en Judaisme et puritanisme (1921) la afinidad que liga al judaísmo talmúdico con el puritanismo (11). La pseudorreforma protestante, explica el autor, fue esencialmente antirromana y descubrió en la tradición judía tanto el espíritu de rebeldía y el milenarismo (Apocalissi giudaiche, en el Dizionario Biblico, de Spadafora) cuanto la mentalidad mercantilista propia del librecambismo angloamericano.
El puritanismo nace de la unión del anabaptismo con el calvinismo; se funda en el libre examen luterano, o sea, en la interpretación libre y subjetiva de la Biblia, con el resultado de interpretarla en un sentido exclusivamente literal y material (como los judíos); de ahí que encuentre en el Antiguo Testamento el espíritu farisaico del judaísmo postbíblico. Según Batault, se puede decir que el puritanismo es una espacie de judaísmo talmúdico para los gentiles.
Sigue diciendo Batault que los puritanos ejercieron un gran influjo en la constitución de América; mejor dicho: fueron los auténticos creadores del ideal americano. Hasta tal punto convergen los papeles desempeñados en América por los judíos y los puritanos, que no es posible distinguirlos. Los Estados Unidos se han convertido en la mayor potencia política, económica y militar bajo el influjo judeo-puritano; además el espíritu judeo-puritano se ha difundido en todo el mundo por conducto de América.
Me parece que se puede afirmar que mientras en Europa el judaísmo no pudo aprovecharse de la ayuda de la religión madre europea, el catolicismo romano,  que también en este punto ejerció su función de “contenedor” del “misterio de iniquidad que está en acción en el mundo” (San Pablo), en América, en cambio, la religión predominante en el Nuevo mundo, el puritanismo, le dio no sólo tolerancia y emancipación asimiladora, sino también plena libertad religiosa, social y política, que hizo de él una sola cosa con el americanismo y lo convirtió en el padre cofundador de los Estados Unidos: puritanismo y judaísmo sionista son coesenciales y tienden teológicamente al dominio del mundo y a su transformación en una especie de paraíso en la tierra en virtud del bienestar material obtenido mediante el espíritu liberal-mercantilista (12).
Agostino Degli Espinosa escribe: “Europa lo era todo hasta finales del 1400, es decir, estaba ella sola […]. La Reforma luterana es el comienzo del surgimiento de un mundo nuevo junto a este antiguo […]. El primer hecho que marcó el desgajamiento material del nuevo mundo respecto del viejo fue el levantamiento de Holanda contra España […]. El protestantismo republicano holandés […] trasmigró después a Inglaterra, donde, a diferencia del anglicanismo, que conservó su carácter imperfecto al permanecer monárquico y no lejos del catolicismo en lo dogmático, llegó a la extrema perfección política (con el republicanismo) y religiosa (con el antitrinitarismo y la antirromanidad). […] Por eso es posible […] llamar puritano o protestante al movimiento innovador y católico al conservador, en la lucha que se trabó desde el siglo XVI en adelante […]. El siglo XVI marca, en efecto, una revolución social de carácter económico; la industria, partiendo de Italia, penetraba las demás naciones… unas naciones que antes habían sido predominantemente campesinas y guerreras […]. Lo que colonizó América… no fue sólo la religión… sino también el amor a la libertad universal      [lo cual es históricamente falso, nota del blog]. Los hombres que abandonaron sus casas de Inglaterra […] para irse a vivir al salvaje Nuevo Mundo eran los auténticos rebeldes a las leyes que reinaban en el viejo mundo europeo […]; tales hombres eran principalmente puritanos […] que lucharon contra la imperfección de la reforma religiosa anglicana y contra la limitación de ésta al campo religioso […]. Sus adeptos emprendieron el camino de ultramar […] en busca de una tierra virgen donde crear el Estado ideal, antimonárquico y anticatólico” (13).
El mencionado autor explica asimismo que América fue sacudida por dos corrientes diferentes del mismo protestantismo: la inglesa, conservadora y tradicional [anglicana y no excesivamente antirromana desde el punto de vista dogmático” (14). Tales corrientes eran dos ramas de un mismo árbol, pero mientras que Inglaterra se hallaba trabada, desviada e incompleta en sus realizaciones a causa de la educación autoritaria y jerárquica aún viva”, Holanda, “en cambio, era libre y estaba decidida a llegar a las extremas consecuencias lógicas a las que tendía” (15). Ambas corrientes se volvieron a encontrar en América, donde, sin embargo, prevaleció la más radical, de cuño holandés. En efecto “hay que convencerse íntimamente… de que la vida de las colonias americanas no es la continuación y el perfeccionamiento de la vida inglesa”, sino que “la única nación europea de la que deriva la americana […] es Holanda (16), republicana, democrática y anticatólica (entendemos por catolicismo lo siguiente: unidad y trinidad de Dios; encarnación, pasión  y muerte Jesucristo, Verbo encarnado, consustancial al Padre y al Espíritu Santo).

DAR GATO POR LIEBRE.

Se denominan antitrinitarios todos aquellos “que profesan algún error contra el misterio de la Santísima Trinidad, ora afirmando que hay en ella tres naturalezas (triteístas), ora sostengan haber en ella una sola persona (monarquianos), ora nieguen la divinidad de alguna de las tres personas divinas”.
La corriente antitrinitaria moderna surge en Holanda, en el siglo XVI, con el anabaptismo y el milenarismo (próximo retorno de Cristo a esta tierra), se trasladó después a los EEUU (a donde continuó emigrando hasta 1945) (17). Luego, en el siglo XVIII, el baptismo se adhirió en América del Norte a la cristología neoarriana, y se llegó oficialmente, en 1719, a la negación del dogma de la Santísima Trinidad; se formó el unitarismo afínales del siglo XVIII (18).
Éste se caracteriza por la negación de la Trinidad, a la que califica de idolatría; estuvo representado en la antigüedad (siglos II y III) por el modalismo, el monarquismo, el sabelianismo y el arrianismo; en el siglo XVI tuvo por representante al socianismo (19). La reforma protestante permaneció fiel originariamente al dogma trinitario ( Lutero, Melanchton y Calvino), pero sentó las premisas de su negaciónal sustituir la autioridad dela revelación oraql, escrita y magisterial por el subjetivismo individualista (“a nosotros nos parece que…”), con lo cual desencadená las reaccioneshumanísticas antitrinitarias que, partiendo de la academia florentina de lod Médici, de los talmudistas y los cabalistas del Renacimiento y de Erasmo de Rotterdam, se propagaron a Hoilanda, Poloniua Inglaterra, y después, a los EEWUU (20). El socianismo, escribe4 Mario Bendiscoli, es deudor del humanismo estoicizante y pelagiano (y sobre todo cabalista), según el cual las capacidades éticas naturales del hombre, que en su opinión no se halla herido por el pecado original, basta para hacerle observar los mandamientos sin necesidad de la gracia divina (21). El socianismo asumió la cristología arriana, al decir de la cual Cristo no es Dios, sino tan sólo un gran hombre, desembocó en la apocastástasis origeniana (que niega la eternidad del infierno), en el liberalismo liberal dogmático y en la tolerancia absoluta y por principio, y finalmente puso en marcha el liberalismo inglés (22). Monseñor Leone Cristiani escribe que Arrio, en los siglos XVII-XVIII, reavivó en Polonia, Holanda e Inglaterra y, por último, se estableció en los EEUU, donde conoció una expansión mayor que en Europa. Antitrinitarios fueron Newton, Clarke y Milton, y como tal se consideró a Locke. En 1794 los “cristianos liberales” se establecieron en los EEUU, donde fundaron unas 500 iglesias, con otros tantos ministros y 60.000 fieles (hasta1925) (23). Lelio Socini (+1562) nativo de Siena y estudiante de derecho en Padua, seguía la corriente del escepticismo humanista (cabalístico y paganizante). Viajó por toda Europa ejerciendo de intermediario entre los diferentes heresiarcas protestantes. Calvino lo recomendó al príncipe Nicola Radziwill de Polonia (1556-1558), país en que fermentaba el espíritu novador religioso y el irenismo protestante, esto es, la libre difusión y convivencia de todas las sectas reformistas, por más distintas y contrarias entre sí que fueran. Su sobrino, Fausto Socini (+1604), Piccolomini por parte de madre (una familia que dio dos Papas a la Iglesia: Pío II y Pío III), siguió las huellas del tío y se trasladó a Polonia, con los Hermanos Polacos, una secta antitrinitaria de Luclawice, en Crocavia. Allí se desposó con una joven noble del lugar y logró evitar la expulsión que había decretado el rey Stefano Bathory en 1583 (gracias a la ayuda de la nobleza liberal polaca, que había fundado varios cenáculos antitrinitarios en diversos castillos, donde se reunían conventículos de humanistas-biblistas); no obstante, medio siglo después fue cerrada la sede principal del “antitrinitarismo cristiano” (24) (auténtica contradictio in terminis, visto que los dos misterios principales del cristianismo son la Encarnación del Verbo divino y la unidad-trinidad de Dios.
Naturalmente, el “cristianismo” puritano americano no es antitrinitario totalmente y por naturaleza, sino que lo es tendencialmente, y tiende en gran escala a rebajar, a omitir intencionalmente, si es que no a negar la divinidad de Cristo y la trinidad de las personas divinas. Como quiera que sea, sigue siendo veterotestamentario por esencia, y el Evangelio es casi accidental para él. Por eso el puritanismo americano está más cerca del talmudismo judaico que del cristianismo y del protestantismo de Lutero, Melanchton y Calvino; sobre todo se opone diametralmente al catolicismo romano. De ahí que buscar en  los EEUU las raíces del cristianismo europeo es como “dar gato por liebre”.

UN TESTIMONIO NADA SOSPECHOSO.


Monseñor4 Luigi Giussani escribió en 1967 un interesante libro (Teología protestante americana), que la editorial Marletti (Génova-Milán) hizo reimprimir en 2003. El fundador de Comunión y Liberación estudia en él en profundidad y elogia, con miras ecuménicas, la doctrina protestante. Procuraré resumir los puntos principales de su trabajo.
Los colonos que huyeron a América eran, sobre todo, “anglicanos, calvinistas luteranos, ‘sectarios’ de diferentes orientaciones, sobre todo baptistas” (25). Giussani explica que mientras en Europa el anglicanismo, el luteranismo y el calvinismo permanecieron minoritarios, en los EEUU, por el contrario, el calvinismo se mostró ampliamente mayoritario y dio a dicho país “un carácter más veterotestamentario que cristiano” (26). La iglesia protestante americana se organizó en un “congre3gacionismo”, esdecir, como independi3ente de la iglesia anglicana (si bien no separada por completo de ésta) (27). La primera generación calvinista americana (John Cotton +1652) era la “teocracia feroz… de un Papa con mitra, de una comunidad que odiaba al Papa” (28). Para ella, sólo los miembros de la iglesia congregacionista americana eran ciudadanos de pleno derecho, a pesar de que, según su propia doctrina debía regir una relación de separación total entre la Iglesia y el Estado” (29). El congregacionismo conocerá su fase democrática con John Wise (+1725), superando la incongruente teocracia de Cotton –dada la separación entre el poder espiritual y el temporal-,y motivará la lucha por la independencia americana (30). La segunda generación calvinista estadounidense (sínodo de Boston, 1662) amplió el concepto de “iglesia” afirmando que el bautismo podían administrarlo sólo los perfectos o santos de la iglesia congregacionista, sino, además, cualquier adepto suyo, aunque no fuese santo o perfecto (31). Por otra parte Jacobus Arminius (+1609), teólogo holandés emigrado a los EEUU, había impugnado la rigidez del predestinacionismo calvinista y congregacionista al asegurar que la libertad del hombre no puede estar determinada por la voluntad de Dios. Eso significaba la destrucción del corazón de la doctrina calvinista.
Del “arminianismo” nació una corriente racionalista e iluminista que reemplazó al calvinismo tradicional en el liderazgo americano al poner en tela de juicio el dominio absoluto de la voluntad de Dios sobre la libertad del hombre. Pero con Jonathan Edwards (+1758) vino la reacción del puritanismo ortodoxo y antitradicionalista, que ratificó la supremacía absoluta de la voluntad divina sobre la iniciativa humana. De Edwards nació una corriente religiosa llamada “gran despertar”, que propugnaba un renacimiento” (revival) de la vida religiosa fundada en la emoción sentimental. El enemigo era el deísmo  “arminiano”. El racionalismo deísta-liberal contratacó a su vez, a finales del siglo XVIII y´, rechazando la doctrina ‘revivalista’ edwardsiana, negó asimismo la Santísima Trinidad y la divinidad de Cristo.
Nota monseñor Giussani con razón que dicha lucha fue sólo un resultado natural del puritanismo americano, que contenía en sí los gérmenes de las dos corrientes: la predestinacionista y la racionalista antitrinitaria. Por eso “este resultado del puritanismo de la New England no es una sorpresa inesperada: exalta uno de los dos polos de la tensión dualista que lo caracteriza desde el origen. Por un lado […] una fuerte percepción de la misteriosidad de lo divino […]. Por el otro […] una exigencia de racionalización” (32). El protestantismo calvinista americano se ha caracterizado siempre por esta tendencia doble, hecha de sobrenaturalismo exagerado y fideísta contra deísmo racionalista e iluminista, de predestinacionismo contra liberalismo humanista y activista, de fundamentalismo exegético antievolucionista contra secularismo antropocéntrico. Las consecuencias de esta dicotomía son, en el ámbito moral el rigorismo farisaico-puritano contra el permisivismo y el laxismo hedonista. A América se la define, con razón, como “el país más religioso y más secularizado”.
Esto no es una chuscada, es la realidad, que se funda en el dualismo y la contradicción ínsitos intrínsecamente en el calvinismo, que, si por un lado es predestinacionista e interpreta el Génesis al pie de la letra (fundamentalismo exegético), por el otro posee una carga de espíritu de libre iniciativa y de activismo consiguiente al “dogma” predestinacionista según el cual la bendición de Dios se ve en el éxito mundano-económico del hombre, quien se siente así impulsado a obrar  libre y liberalmente para sentirse salvado por el  Dios tirano. De ahí que aunque, por una parte, se insiste en la rigurosidad y casi en la tiranía dela voluntad divina, por la otra se ve uno llevado a formar su personalidad –o carácter- como quintaesencia de toda la moralidad (33). Si se enfoca tan sólo un elemento del protestantismo americano, no se logra entender el espíritu aparentemente contradictorio del americanismo y se corre el riesgo de erigirlo en ideal, como hacen los teocon(servadores) europeos (34).
Las corrientes teológicas americanas posteriores oscilarán entre teocentrismo tiránico y predestinacionista y antropocentrismo liberal e inmanentista-panteísta, que son las dos caras de la misma moneda del puritanismo americano. Esta tensión teológica explica políticamente el paso de la teocracia calvinista a la de3mocracia puritano-americana.
Un rasgo acusado de la religión protestante americana, continúa diciendo el cura Giussani, es el concepto de “experiencia religiosa” de lo divino, un sucedáneo sensista-empirista y pragmatista del voluntarismo. Dios no es objeto de fe como adhesión intelectual a dogmas revelados y definidos, ni es tampoco, a la manera kantiana, un producto de la voluntad humana, sino sólo objeto de experiencia sensible. La existencia de Dios no es demostrable racionalmente, más es experimentable: a Dios se le “siente”. Fuera de la experiencia no hay nada: la metafísica ha muerto, el idealismo clásico está superado; sólo la experiencia sensible es fuente de “conocimiento” y de acción, conforme al iluminismo filosófico británico, sensista y empirista. “El temperamento y la cultura de los americanos –prosigue Giussani-  rechazan la rigidez y el contraste […]. El pensamiento americano irá ansiosamente en busca de puntos de contacto entre los dos polos de lo natural y lo trascendente”, de manera que a Dios, aunque es un “tirano” absoluto, se le “siente” o experimenta sentimentalmente dentro de nosotros, y nos hace tan seguros de nosotros mismos que nos empuja al activismo exasperado.
Ésta es la religiosidad americanista, tan próxima al modernismo pero celebrad al mismo tiempo por Comunión y Liberación, por los teoconservadores y por Benedicto XVI en su viaje a los EEUU (abril del 2008), un país definido como “modelo ideal” de las relaciones entre el Estado y la Iglesia: ¡separación absoluta entre ambos y libertad para todas las religiones, verdaderas o falsas! 
TORQUATO PEZZELLA.

NOTAS:

(1)- Los países Bajos se componían de las provincias del sur (la Bélgica actual) que eran católicas francófanas y las del norte (la actual Holanda que eran de lengua flamenca y protestantes. Eran tierras muy ricas, dedicadas al comercio marítimo. El rey de España no toleraba que los holandeses, (súbditos suyos) fuesen protestantes, por lo que Flandes se rebeló contra Felipe II en 1576, bajo el caudillaje del holandés Guillermo de Orange.
  En Inglaterra, entre tanto, Isabel I, que quería reforzar la iglesia nacional anglicana, perseguía a los puritanos, que emigraron a América del Norte. Seguía no sólo una política de expansión colonial en la América septentrional sino que, además libraba una guerra de agresión contra la marina española que llevaba a la patria los tesoros delas colonias americanas, valiéndose de los piratas o corsarios del mar capitaneados por Francis Drake. La España de Felipe II estaba entonces en su apogeo, pero comenzaba también su decadencia (1588:  derrota dela Armada Invencible). Junto a España, poco inclinada a la nueva mentalidad especuladora y mercantilista, también los demás países católicos comenzaron a declinar frente a los países protestantes, los cuales, por el contrario, empezaron a emerger y a tomar la delantera económico-política, mientras que los EEUU perfeccionaron el predominio del protestantismo holandés y de los Padres Peregrinos ingleses, fugitivos de la madre patria, sobre el anglicanismo de la corona británica.

(2)-  L. Cristiani. Nótese que el puritanismo trasladó la festividad del domingo (resurrección de Cristo) al sábado judío (reposo de JHWH en el A.T.) a tenor de la numeración anglicana y calvinista.

(3)-  Sobre el problema del judaísmo en Holanda, Inglaterra y América puede consultarse la voz Ebrei en la Enciclopedia Italiana, curante Giorgio Levi Della Vida, quien escribe lo siguiente: “En virtud de la concesión que Carlos V hizo a los marranos de residir en los países Bajos, no pocos de ellos se asentaron allí…[…]. Después de la unión de Utrecht  […] los marranos comenzaron a […] ejercer una notable influencia en la nueva república, de suerte que, poco a poco, volvieron lentamente al judaísmo… […]. El rabinato de la comunidad de Amsterdam… hizo diligencias para la readmisión de los judíos en Inglaterra […] La transformación del espíritu religioso en Inglaterra, después de la preponderancia del protestantismo y de las guerras con España, hicieron pe4nsar en la oportunidad de readmitir a los judíos […] Oliver Cromwell dio permiso a algunos judíos, en 1657, para establecerse en Londres. En 1685 un decreto del rey Jacobo II declaraba libre el ejercicio del culto judío. […] Los judíos se asentaron en varias colonias de la América septentrional. Se trataba particularmente de judíos de origen portugués provenientes de Holanda” (pg. 351-2).

(4)- Tocante a la herejía modernista llamada “americanismo” y condenada por León XIII en Testem benevolentiae (1895), H. Delassus en L’Americanisme et la conjuration antichrétienne que en el orige4n del amer5icanismo doctrinal y ascético se halla la Alliance Israelite Universelle.

(5), (6), (7), y (8)-:  A. Degli Espinosa, Imperialismo USA.

(9)- El más activo de los antitrinitarios fue Miguel Servet, de quien Monseñor Leone Cristiani escribe lo siguiente: “Miguel Servet, nacido el 29 de septiembre de 1511 en Tudela (Navarra) […] pretendía restaurar el cristianismo de los orígenes más allá de la metafísica, la cual, al decir de él, había destruido la fe primitiva […] Jesús no es un ser trascendente, sino un hombre entre otros hombres: no es Dios por naturaleza, sino que fue santificado por el Padre […]. Además. Servet se declaró partidario del antitrinitarismo y definió a la Santísima Trinidad como un ‘cerebro en tres cabezas’ (…)”. Servet se adhirió a la  Reforma Protestante y sobrepasó incluso al calvinismo al abrazar el anabaptismo, que dio lugar, en unión con el “puritanismo inglés” tradicional, a la concepción más radical e innovadora, llamada “puritano-americana”, la cual es una mezcla de puritanismo y anabaptismo, y, por ende, resulta ser tendencialmente, y el algunos casos también formalmente, antitrinitaria y negadora de la divinidad de Cristo (se comprende, entonces, que el judaísmo talmúdico pudiera triunfar en la América puritano-anabaptista). Escribe también Mons. Cristiani, en la Enciclopedia Católica que Servet fue “Un hereje antitrinitario […]. Católico exteriormente irreprensible, compuso su obra principal, que apareció con el título de Christianismi restitutio [Restitución del cristianismo] (Viena1533)… Jesús es el Hijo del Dios eterno, no Hijo eterno de Dios […]. Por lo tanto, rechazó la doctrina trinitaria y del Concilio de Nicea y la cristología del Concilio de Calcedonia […] y afirmó, además, una especie de milenarismo”.

(10), (11), (12), (13)- Dizionario crítico di Teología. Además de los Socini, fueron unitarios también Giorgio Biandrata (+1588), quien difundió el unitarismo en Italia del Norte y en Suiza, y Miguel Servet (+1533), que probó a difundirlo en Ginebra, pero fue condenado a muerte por Calvino. En tiempos más recientes se da cierto desarrollo de iglesias unitarias en Inglaterra, con Teófilo Lindsey (+1808), el cual fundó la Iglesia Unitaria de Inglaterra. Entre tanto Joseph Priestley (+1804) emigró a los EEUU en 1794 y se unió a los congregacionistas unitarios estadounidenses que negaban toda fórmula dogmática (reemplazada por la experiencia religiosa), que profesaban un vago sentimentalismo moral o moralismo sentimental y el  filantropismo liberal-.masónico (ibídem). Secuaces polacos de los Socini fueron Valentín Schlalz (+1622), Adam Goslaw, Andrés Woidowskj, Juan Crell (+1631), Martín Ruarus (+1657). Sería muy interesante estudiar sus relaciones con los cabalistas y los talmudista de la academia medicea de Florencia, y con el ambiente judaizante polaco, que tenía por referencia a Sobbetai Seví primero (1626-1676) y luego a Jacob Frank (1726-1791). A, Rotondo, Estudi di storia ereticale del Cinquecento.

(14), (15), (16), (17),- Enciclopedia Cattolica.

(18) al (25),-  Teología protestante americana.


(26)- L. Copertino, Spagetticon.

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