sábado, 17 de febrero de 2018

Huroneando en febrero 2018.

+ Si tuviese medios disponibles, me entretendría haciendo una lista anotando adonde fueron a veranear los modestos funcionarios KK, cuya manifiesta probidad los dejó en la miseria luego de su patriótica labor. Esto fue confirmado por ciertos informes, emitidos por ellos mismos al periodismo, desmintiendo las quejas de los  mal  pensados, que  los hacían veraneando en el Caribe, diciendo que por no contar con dinero suficiente, tuvieron que pechar a ciertos amigos para, al menos, comerse un choripán, y viajar a dedo para darse un chapuzón, algunos  a la laguna de Chascomús, y otros al Riachuelo.

+ El mes pasado desmentí a los PP (políticos y periodistas) que con su acostumbrada ignorancia y mala intención política consideraban triunfador al Gobierno frente a los desmanes de los “trapos rojos” en plaza Congreso de Buenos Aires. Luego recordé la siguiente cita de Osvaldo Spengler, que confirma el triunfo resonante de la subversión, con el apoyo de la lenidad vergonzosa de una jueza: “La huelga marxista no tiene una meta económica, sino política. El hecho de que sea así lo comprenderá todo aquel que por primera vez vive una huelga general. Los socialistas alemanes han dicho bastante a menudo que no son las huelgas ganadas sino las perdidas las que tienen interés para el partido: encienden el odio y refunden mejor la unidad de la clase”.

+ Pasaron por TVB, una visita a una enorme y fastuosa mansión, luego adquirida por la Embajada de EEUU, que hizo construir a principios de siglo XX, un tal Bosh, encargando el proyecto al mejor arquitecto francés de la época y construida íntegramente con materiales traídos de Francia; con un lujo tan exuberante que se percibe indignante, hasta insolente. Era la época en que los estancieros masones y ateos competían en derrochar millonadas extraídas del campo argentino y del sudor de los trabajadores. Una ostentación estéril, desalmada, fruto de una soberbia liberal que ofendía a Dios y a los hombres; que pronto caducó sin dejar nada provechoso al país. La mansión quedó en poder de los yanquis y el alma de ese tal desagradable personaje ¿en manos de quién habrá quedado?

+  El Congreso parlamentario es un lugar sagrado, porque allí se reúnen lo más egregio de la intelectualidad política y cultural, los representantes del pueblo soberano e infalible; estos como representantes participan también de la infalibilidad, pues no podría ser que el pueblo sea infalible y sus representantes falibles. Por serlo, tanto unos como otros están coronados por alguna aureola divina, porque sólo son infalibles los dioses. Ahora bien, considerando la catadura moral y la ignorancia de principios elementales de política de los representantes, y la labor inútil y perniciosa que están demostrando, significa que son fieles representantes de un pueblo ignorante e inmoral; o que el pueblo es virtuoso y sabio y ellos adulteran el mandato. O que tanto unos como otros son ignorantes e inmorales. Sea como sea, mande quien mande, en el Congreso nada hay de sagrado e infalible; como la historia demuestra. Y ante los hechos no valen discusiones… ni chácharas como la que acaban de leer..

+ Me llamó la atención, considerando mi arraigado optimismo, nada conveniente, de acuerdo como anda el mundo, ver a la gobernadora Vidal encendiendo las velas de un candelabro de los siete brazos. Entonces me aventuré a consultar algunos blogs judíos y lo que encontré no fue nada tranquilizante. El candelabro, llamado menora, tiene para las familias judías el mismo valor que el crucifijo para las cristianas. Los masones aseguran que fue diseñado por el GADU, y lo prenden antes de iniciar una sesión, pues lo consideran la Luz que ilumina a los hombres, parodiando al Evangelio de San Juan. Proviene de la época de Moisés, por lo que se lo encuentra en algunas iglesias, pero actualmente es el emblema sionista del Estado de Israel. Esta señora ¿Por qué lo prendió? ¿Es judía o masona? ¿O solamente para congraciarse con la “colectividad”? ¿Prenderá alguna vez una velita ante la imagen de Nuestra Señora? No lo sé, pero lo importante es que todo apunta a considerarla una ferviente integrante de la banda sionista que rodea al presidente Makri.

+ Un lector me reprendió cortesmente debido a que incluí un dibujo asemejando una estampita, con la imagen del expresidente de la mirada y la mente torcidas, con sonrisa burlona, repulsiva y grotesca, mostrando fajos de dólares, y la leyenda “San Chorro”, diciéndome que era faltarle el respeto a los santos. Es razonable interpretar el dibujo en ese sentido, por lo cual me disculpo sinceramente por haber molestado al citado señor. Pero voy a escribir unas palabras explicando mi intención por haberlo incluido. Esa “estampita” es realmente degradante, injuriosa y ofensiva, de muy mal gusto, pero representa verdaderamente al ambiente moral que domina en nuestro país. Estos energúmenos, y tantos como él, son los “santos” laicos del liberalismo, los personajes que llevaron a sus últimas consecuencias el libertinaje propiciado por la moral liberal. Son los seres que triunfaron obteniendo todo lo que el Mundo promete. Así, la “conciencia” de cada uno de ellos lo impulsa a transformarse en  “santo” de los dólares, “santo” de las drogas, “santo” de los prostíbulos, como en innombrable juez, etc. Algo semejante a los reyes de los chorizos que reinan en la USA. O sea el grado más elevado que puede lograr un ser humano ¡pero al revés! ¡el más degradado! Sin embargo son seres reverenciados y admirados por el “soberano”.

+ Y para ridiculizarlos, para cada uno de ellos podríamos hacerles imprimir su propia “estampita”. Son individuos inmorales, indignos, con los que no es posible tratar seriamente, más bien con humor hiriente, socarronamente, como a fantoches, pues si yo lo reprendiese a “San Chorro”, seguramente mi miraría torcido, con esa sonrisa infernal sobradora y mostrándome los dólares apretados en sus manos me diría: - mirá, nacionalista puritano, esta es mi moral. Y debería irme cabizbajo y humillado. ¡Los dólares mandan!

+Y por si todo esto fuera poca desgracia, ocurrió lo nunca imaginado, lo más doloroso, lo que jamás debería haber acontecido, murió una flor del Régimen, la mujer que nunca debería haber muerto, la mujer que consiguió lo que toda mujer moderna debería alcanzar, periodista y diputada, y por sobre todo divorciada, amada por muchos, cada cual a su manera. Exhibía una profunda cultura clásica, asombrosos conocimientos de la ciencia política, y una finísima espiritualidad; imprescindibles para quien quiera ocupar esos puestos en democracia. Bueno, yo no conocía a esta mujer ejemplar, ni siquiera de vista, pero, considerando el éxito que alcanzó no debió ser ella de otra manera. Hasta que un mal día se miró al espejo y se notó unas arruguitas, sin saber que cuando la vanidad se mira al espejo el demonio ríe, y la muerte acecha, paciente, hasta que alza la guadaña y siega; según decía Quevedo.

+ Tanto la amaban que en su velorio la despidieron las caras apesadumbradas de los deudos y amigos, aunque dolor demasiado manifiesto para ser auténtico. Lo que seguramente fue cierto es que un relámpago helado de pavor recorrió el espinazo de todos ellos. Si ella murió. Si la diosa fue segada ¿Qué será de nosotros? se habrá preguntado la superstición pagana de los asistentes; infinidad de curiosos y buscadores de publicidad. Su concubino protestó el decreto divino: ¡el cielo se equivocó! Y otro: ¡el sanatorio se equivocó!  Pues normalmente no debió morir la diosa del Régimen. Me recuerda aquel que dijo ante la muerte de una actriz: ¡se fue de gira! Rodearon su ataúd una escandalosa exhibición de poderío económico, en forma de profusión de coronas, flores y aplausos. Y en el medio de la batahola estaba ella, en su fría soledad, sola ante la eternidad. A quien los contertulios olvidarán antes que las flores se marchiten. QEPD.


+ No soy leguleyo para criticar con certeza sobre el caso tan meneado por los PP del suboficial Chocobar. Sólo comprobé que se trata de un nuevo triunfo de los jueces de la Reforma contra la Policía; y por ende contra las Fuerzas Armadas de la Nación. Macri lo defendió correctamente, pero no es posible que el Presidente tenga que salvar los desaguisados de los jueces. ¿Hasta cuándo los tendremos que soportar? ¡A esos jueces y a los delincuentes! La gente del pueblo honesta, con sentido común, clama inútilmente para que se ajusticie a los delincuentes y a los que los cubren y los apañan. Sin Justicia y la consiguiente condena no hay orden ni paz. Es una vergüenza para el Gobierno que la víctima norteamericana haya tenido que pedir que se le haga justicia a quien le salvó la vida. No es por desearles males a los jueces indignos, pero quisiera ver que actitud tomarían si se los agrediesen a ellos. 

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