domingo, 13 de mayo de 2018


La soledad y el silencio fortalecieron la personalidad del Caudillo martirizado y lo preservaron del exhibicionismo democrático. Con las siguientes palabras, 
                                  
                                    JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA                                                      
 nos ofreció la intimidad de su pensamiento magnánimo, para que sirva de ejemplo a                          los nacionalistas que luchan por sus mismos ideales de:     

DIOS, PATRIA, PAN Y JUSTICIA.    

Cuando se llega a una posición política, a través del camino dramático que he tenido que seguir, sufriendo muchas cosas en lo más vivo de mi intimidad, no se sale al mundo exterior, no deja uno su tranquilidad, su vocación, sus medios normales de vida, la posibilidad de cultivar el espíritu, de vivir fuera del ruido, en ese silencio donde se sacan las únicas obras fecundas y perdurables, para darse el gusto de levantar el brazo o fomentar el humor de tal o cual ministro de la Gobernación. […].

Nuestro tiempo no da cuartel. Nos ha correspondido un destino de guerra en el que hay que dejar sin regateos la piel y las entrañas. Por fidelidad a nuestro destino andamos de lugar en lugar soportando el rubor de las exhibiciones; teniendo que proferir a gritos lo que elaboramos en la más silenciosa austeridad; padeciendo la deformación de los que no nos entienden y de los que no nos quieren entender; derrengándonos en este absurdo simulacro de conquistar la “opinión pública”, como si el pueblo, que es capaz de amor y de cólera, pudiera ser colectivamente sujeto de opinión. Todo eso es amargo y difícil, pero no será inútil…+

Extraído de: “Testimonios de José Antonio”, de Enrique Pavón Pereyra; pg. 44.